jueves, 12 de julio de 2012

Veo a Nora en todas partes... por Lena Dunham

Como comentamos en el programa, si algo caracterizó a Ephron fue su generosidad hacia otras mujeres, y su interés en el trabajo de las personas más jóvenes que ella. Lena Dunham, guionista y cineasta, tuvo la suerte de tener una relación de aprendiz-mentora con ella. Dunham narra sus experiencias con Ephron en un conmovedor texto publicado en el New Yorker. Aquí traducimos un fragmento.

El original, en inglés.


“This is my life” es la película que me hizo querer hacer películas. La primera vez que la vi iba en segundo grado, así que no habría podido articularlo de esa forma, pero eso era lo que me estaba pasando. Debo haberla visto en VHS unas 11 o 12 veces durante un solo verano, tratando de asir algo ¿Acerca de sus personajes? ¿Acerca de cómo estaba construida? Con cada vista se me revelaban nuevos chistes, nuevos ángulos, y ese mundo se volvía más rico. Amaba a la adolescente hosca de Samantha Mathis, a la inocente sarcástica de Gabby Hoffman, y especialmente a la madre soltera de ambas, la Dot de Julie Kavner, una comediante de stand-up empecinada en estar al día a pesar, o quizá por causa de, esas hijas que tenía. Pero a quien realmente amaba era a la persona que orquestaba todo aquello. El vestuario, esos perfectos sacos a lunares baratos y los gastados sombreros de invierno. La música, una mezcla de bounce de vodevil con la voz de Carly Simon, que de alguna manera hacía sentir la ciudad mucho más real que si la banda sonora hubieran sido cláxones de coches. El trabajo de cámaras, un solo gliding shot que seguía a cada miembro de la familia a su habitación durante su adaptación a un departamento nuevo en un muy poco atractivo vecindario  de Manhattan. Yo amaba a quien quiera que pusiera tan cómodas a aquellas actrices, que fueran capaces de expresar los detalles de lo que implica ser una mujer humana en una pantalla.
No fue sino hasta años después que entendí que todo aquello era Nora Ephron. Entonces devoré su prosa, sus demás películas y me volví su fan, junto con mi madre, tía, abuela, y todas y cada una de las mujeres inteligentes del área triestatal. Así que por todo esto, el día de Marzo de 2011 en el que recibí un email corto, perfecto, de Ephron, diciendo que había visto y disfrutado mi película y que quería invitarme a almorzar, fue trascendental.
Llegué veinte minutos antes, y me escondí en una esquina hasta que vi entrar a Nora, la vi saludar a la hostess, y vi cómo la acompañaban hasta la mejor mesa del lugar. La vi ordenar una Diet Coke y checar su iPhone, y finalmente me aparecí en la mesa, lamentando ya la blusa que había elegido. Pero cuando me miró, mis miedos se evaporaron. Estaba tan emocionada de conocerla.

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